La “conditio sine qua non” es circular: el famoso caso de la talidomida

Todo comenzó en 1965, cuando el doctor Wilhem Kunz sintetizó una sustancia química a la que denominó thalidomide. La nueva droga era a la vez tranquilizante y somnífera, y fue presentada como la solución contra los malestares del embarazo, puesto que se dijeron maravillas de este nuevo fármaco.

Víctima de la talidomidaEl contergan se convirtió entonces en “la píldora milagrosa” y, en efecto, eso era lo que parecía: procuraba un sueño reparador, no era adictiva y, aun en dosis excesivas, no mataba como sí lo hacían los barbitúricos. Presentaba tan pocos riesgos que en algunas partes se vendía sin receta

 Un pediatra alemán envió a chemie-grünenthal  una nota con dos preguntas sencillas, que recibieron una respuesta obvia…

“Pregunta 1: ¿la talidomida pasa por la placenta?

Respuesta: desconocido.

Pregunta 2: ¿puede la droga dañar el feto si pasa por la placenta?

Respuesta: probablemente no”.

Sin embargo, pronto comenzaron las dudas. El 15 de noviembre de aquel año, el Doctor Widukind Lenz, del hospital de la Universidad de Hamburgo, llamó a un colega suyo, Heinrich Mückter, el inventor de la talidomida, para informarle de que tenía 14 casos documentados de defectos del nacimiento y una posible conexión entre el contergan y la polineuritis. Éste se encogió de hombros. Ya estaba “demostrado” que los centenares de nacimientos raros en Alemania federal desde 1957. El éxito comercial del Contergan fue objeto del interés de laboratorios farmacéuticos de otros países.

El 23 de febrero de 1962 se publicaron recién las primeras señales de los peligros que acechaban a las mujeres embarazadas  y a los fetos si ingerían la talidomida, diciendo que esta droga había sido puesta en el mercado después de tres años de ensayos clínicos con animales.

El común denominador de estas anomalías era, a primera vista, la ausencia de la mayor parte del brazo y la presencia de manitas en forma de aleta que se extendían directamente desde el hombro, dando lugar a la denominada focomelia o miembros de foca. Otra deformidad frecuente era la meromelia que es la ausencia parcial de uno o varios miembros. Algunos ejemplos bien pueden ser: ausencia de las manos y de la mayor parte del antebrazo; ausencia de una mano; ausencia del cuarto y quinto dedo de la mano y sindactilia del segundo y tercer dedo; ausencia del tercer dedo, que origina una mano hendida; ausencia del segundo y tercer dedo de los pies y sindactilia del cuarto y quinto dedo, lo que da por resultado un pie hendido. también es frecuente la aplasia radial, la ausencia del pulgar y del hueso adyacente en el antebrazo. En las extremidades inferiores se produjeron deformaciones similares. La deformidad de los bebés más afectados casi siempre ocurría a ambos lados y a menudo tenían deformidades tanto en los brazos como en las piernas y en los casos menos afectados tenían sólo un miembro afectado. Además de las extremidades, la droga causaba deformidades en los ojos y las orejas, los genitales, los riñones, el conducto digestivo (inclusive los labios y la boca) y el sistema nervioso. Se reconoció a la talidomida como teratógeno (una droga o agente de otra índole que causa el desarrollo anormal del embrión o el feto).

“Unas veces tenían las piernas retorcidas –escribe un periodista de la desaparecida revista Life en español, cuando recordaba el espanto de los padres al ver a sus hijos nacer con malformaciones congénitas por culpa de la talidomida; otras presentaban también deformidades internas. En la mayoría de los casos, sin embargo, no había al parecer deficiencias mentales”. Para algunas mujeres, la talidomida resultó ser tan tóxica in útero que tuvieron abortos espontáneos.

Aquello se estaba transformando en una verdadera epidemia y, siguiendo el ejemplo de algunos de sus colegas alemanes, los médicos de países tan distantes como Australia o Bélgica, comenzaron a asociar tales deformidades con la talidomida. Las sospechas quedaron confirmadas cuando los padres de algunos niños deformados empezaron a facilitar datos a los especialistas. Lo que permitió descubrir una serie de coincidencias que los llenaron de horror: la mayoría de las madres de niños afectados habían ingerido la píldora en el segundo mes del embarazo, precisamente en el mes en que se forman los brazos y las piernas del feto.

José Riquelme, una víctima española de la talidomida y presidente de AVITE (asociación de víctimas de la talidomida en españa), describe el mismo panorama desolador de aquellos días: “los efectos de la talidomida aparecían en forma de malformaciones congénitas en las orejas, defectos internos y, particularmente, deformaciones de las extremidades. En los casos más extremos, se presentaba como focomelia, síndrome que se caracteriza por la ausencia total o parcial de brazos y/o piernas, con las manos y pies a modo de aletas, que nacen directamente de los hombros, así como graves malformaciones en las piernas…”

Riquelme cuenta también que muchos de los niños de la talidomida no sólo venían al mundo con total o parcial ausencia de brazos y/o piernas, sino que, en muchos casos, las extremidades, si es que se les podía llamar así, tenían tres deditos en cada mano o pie, como si se tratara de aletas, que nacían directamente de los hombros, rodillas o ingles. En otras ocasiones, estos efectos congénitos de la talidomida aparecían como amputaciones. Las malformaciones talidomídicas, sin embargo, sólo afectaban formaciones orgánicas estructurales periféricas o funciones motoras, no así órganos vitales como el cerebro, que, como comenta Riquelme, se desarrollaba extraordinariamente.

Pero no todas las partes del organismo resultaban dañadas. Así, por ejemplo, se observó que los órganos reproductivos se desarrollaban sin problemas en las personas afectadas, hasta el punto de que podían tener hijos enteramente normales, no habiendo quedado demostrado todavía –como algunos temen- que las malformaciones talidomídicas puedan ser transmitidas de padres a hijos, condición que ciertamente forma parte más de la polémica que de un hecho científico concreto, tal vez porque estamos viviendo aún las dos primeras generaciones de víctimas de la talidomida y porque, hasta ahora, no se ha visto nunca que un fármaco rompa las barreras generacionales.

Por el mundo se extendió, entonces, la angustia, el miedo, la indignación y también la psicosis. La paranoia enfermaba como la enfermedad. De sólo pensarlo, la idea, en sí misma, aunque no fuera cierta, provocaba una reacción alérgica o un shock psíquico. Algunos autores calificaron este verdadero desastre farmacológico como “la mierda golpeando el ventilador”, debido a que se propagaba raudamente por todas partes. Había padres que llegaron a pensar en el aborto cuando se enteraron que la droga podía malformar a su bebé, o en la eutanasia cuando éste nacía con anomalías congénitas. Millares de mujeres embarazadas  de  todo el mundo sufrieron  un  choque  emocional -incluso necesitaron ayuda profesional-  al imaginarse haber consumido el contergan o el kevadon durante el período en que el feto desarrolla las extremidades. “Si usted las tomó en tal período menstrual, en tal momento, su hijo nacerá sin piernas o sin brazos”, se decía.

Con el descalabro total de la inocuidad de la talidomida, sus tan voceadas denominaciones comerciales –en número de 68, según la base de datos de la asociación de víctimas de la talidomida de canadá TVAC- quedaron enterradas en el descrédito, aunque algunas de ellas siguieron haciendo de las suyas después de que la droga fuera prohibida a nivel mundial.

Un periodista de la revista LIfe, sin quererlo, rindió homenaje a una desconocida funcionaria de la FDA de Washington, la doctora francesa Kelsey. En su artículo el periodista escribe: “la doctora que se resistió a los apremios” y comienza a relatar la historia a raíz de una solicitud presentada por una antigua firma farmacéutica de Cincinnati de nombre William S., Merrell Co. La compañía solicitaba que otorgara el permiso necesario para poner a la venta una droga llamada talidomida, con el nombre comercial de kevadon; por toda la referencia, parecía la píldora perfecta contra el insomnio, pero la doctora decidió averiguar más acerca de ella y al leer los antecedentes se sintió cada vez más intranquila y no dio el permiso que solicitaba la firma. Entonces la empresa comenzó a presionar y presionar para que le fuese otorgado el permiso para vender el fármaco, pero la doctora Kelsey siguió firme en su postura y no  lo autorizó. Desde aquel momento quedó entablada la batalla entre “la burócrata empecinada” y el fabricante. “Parecía que los representantes de la firma llegaban a Washington en bandadas. Escribían cartas y hacían llamadas telefónicos para presionar a la doctora”.

La doctora Kelsey siguió firme en su postura, hasta que en febrero de 1961 descubrió el primer dato que venía a confirmar las sospechas que había dirigido durante seis meses. Perdida en la columna de cartas a la redacción del British Medical Journal, había una nota en que un lector advertía que estaban llegando informes a una compañía de Inglaterra sobre “el posible peligro tóxico de esa droga sedativa…” y que había “síntomas negativos de neuritis periférica en pacientes tratados con talidomida por períodos de seis meses o más”. En los meses siguientes se recibieron noticias de otros casos. Persistían los indicios de que la droga podía causar insensibilidad, temblor, hormigueo en las manos y otras perturbaciones sensorias y motoras. La dra. Kelsey no se alegró, porque ésta no era una victoria que pudiera celebrarse. Simplemente, la tranquilizó saber que había tenido razón.

Entre tanto, la firma Merrell, no convencida de que la droga fuera tóxica, envió investigadores a verificar los informes en terreno en la Gran Bretaña. Lo que esos investigadores descubrieron no era concluyente, e insistieron en que no se había establecido una relación clara entre el uso de la talidomida y los síntomas neuropáticos. Por una parte, la incidencia (de un caso entre 3.000) era demasiado baja para alarmarse. Por otra -pensaba la compañía-, los malos efectos se manifestaban especialmente en personas de edad avanzada, particularmente mal alimentadas y con deficiencias vitamínicas. La dra. Kelsey trató de comprender la actitud de la firma Merrell: “debe ser muy diferente cuando se ha hecho una considerable inversión en el perfeccionamiento de una droga. Supongo que ellos y yo discrepamos más que nada sobre la importancia de las precauciones que deben tomarse con una droga que se va a vender en el mercado.”

La firma preguntó entonces a la dra. Kelsey si aprobaría la droga en caso de que los fabricantes pusieran un rótulo de advertencia de que podría producir ciertas reacciones. Todavía en el mes de octubre (de 1961) la Merrell recordaba a la dra. Kelsey que, si no se apuraba, ellos perderían “las ventas de Navidad”. La doctora se negó a apurarse. Escribía una carta cada vez que era necesario para impedir la circulación de la droga. “Está de más decir que mucha gente me recordaba que el plazo de 60 días había pasado”, dice ella recordando esa circunstancia. Pero a fines de noviembre todo se aclaró. Todas sus sospechas, toda su paciencia, quedaron justificadas. De la Alemania occidental se recibió la noticia de que un tal dr. Lenz explicó en un discurso que cierta droga quizás fuera la causante de la focomelia “epidémica” que se  venía propagando por su país en los últimos tres años. Lenz no mencionó el nombre de la droga, pero poco después, otro médico le preguntó: ¿podría usted decirme confidencialmente si la droga es contergan? Le pregunto porque nosotros hemos tenido un focomelo y me esposa tomó contergan”. Lenz tuvo que admitir que si lo era.

Otros relatos trágicos empezaron a llegarle a la dra. Kelsey de Australia, Suecia, Bélgica, Líbano, Israel y Perú, todos ellos relativos a madres de niños deformes que habían tomado la talidomida en una u otra forma.

El 26 de noviembre, el contergan fue retirado del mercado alemán. La firma Merrell, que informó a la dra. Kelsey sobre el descubrimiento del dr. Lenz, suspendió sus trámites relativos al kevadon ante la fda., en cuanto supo lo del discurso, e inmediatamente envió a sus investigadores otra vez a Europa. En marzo  (de 1962) Merrell retiró oficialmente la solicitud.

La firmeza de la dra. Kelsey evitó innumerables tragedias y al mismo tiempo le valió felicitaciones inesperadas. El presidente Kennedy, con rapidez sin precedentes en estos asuntos, le otorgó la medalla presidencial por servicios distinguidos, el galardón más importante que concede el gobierno norteamericano a civiles. Fue un acto de reconocimiento universalmente aplaudido. Una mujer de gran fortaleza moral y rectitud había demostrado que a veces debe aminorarse la marcha de las ruedas del progreso para poder examinarlas.

Como corolario: en medio de la tormenta que desató la aventura canadiense del kevadon, la talidomida nunca fue aprobada por la fda de los Estados Unidos, a pesar de que los laboratorios Merrell casi ganan una batalla de oficios y telefonazos que había durado 14 meses.

En el otro extremo de la historia, quince meses después de que la droga contergan fuera puesta en el mercado en Alemania occidental, en octubre de 1959, y a tres años de haber recibido todos los informes favorables sobre sus efectos clínicos en seres humanos, la chemie-grünentahal recomendó su introducción en Norteamérica. En ese mismo año, la firma Merrell, de Redding, Ohio, comenzó a producir talidomida para el mercado canadiense bajo el nombre de kevadon. Pero la cosa se complicó cuando quiso introducir el producto en Estados uUnidos, un país de legislación muy estricta para la fabricación y venta de medicamentos.

A fin de cumplir con las leyes estadounidenses, la Merrell decidió investigar más a fondo la talidomida. “En las pruebas que hicimos con la talidomida -escribió en su oportunidad el doctor Carl A. Bunde en la revista Life en español- seguimos el procedimiento normal de las firmas farmacéuticas más respetables de los Estados Unidos. No teníamos prisa. Estuvimos 20 meses probando la droga en nuestros laboratorios y la distribuimos a título experimental entre médicos escogidos.”

En noviembre de 1960, la Merrell presentó el informe de sus investigadores junto con los datos recibidos del extranjero -particularmente de Alemania, Inglaterra y Canadá-. “Había importantes diferencias entre nuestro plan de estudios y el de Europa -explica Bunde-. Nuestros médicos investigadores evaluarían los efectos de la droga sobre la náusea del embarazo incipiente. Nuestro plan de estudios se encaminaba a perfeccionar una prescripción para uso en pacientes de edad más avanzada, hospitalizados, y en ciertas situaciones especiales como los de casos ortopédicos y psiquiátricos.”

En aquellas pruebas, la droga parecía ser inofensiva y eficaz. “Desde septiembre de 1960 hasta noviembre de 1961 -continúa el especialista- hubo diferencias de criterio científico entre la compañía Merrell y los funcionarios médicos de la fda. No era la primera vez ni será la última que los científicos discrepan. La FDA hizo más de 50 preguntas y peticiones a la Merrell sobre una infinidad de aspectos, detalles de análisis  químicos, mejores traducciones de los informes recibidos del extranjero, inspección de la fábrica de la talidomida en la alemania occidental (chemie-grünenthal), investigación de los procedimientos de la mezcla en la manufactura y datos sobre el uso de ésta en el embarazo avanzado y el posible efecto secundario de la neuritis periférica.”

“La cuestión de la neuritis periférica (inflamación de los nervios de las extremidades) ocupó la mayor parte de tiempo. La Merrell tomó la iniciativa en febrero de 1961, al investigar las informaciones que aparecieron publicadas en el British Medical Journal. Inmediatamente pedimos a Londres más pormenores, enviamos a dos de nuestros científicos a Europa  e informamos también inmediatamente a la fda, sobre los resultados de este viaje de inspección.”

No obstante, pronto llagaron las primeras noticias alarmantes. En septiembre de 1961, dos supuestos casos del efecto secundario de la talidomida, observados en los Estados Unidos, no se habían curado de todo. Aunque estos casos quedaron descartados posteriormente, permaneció abierta la sospecha acerca del posible efecto de esta droga sobre las mujeres embarazadas y los bebés. Los temores quedaron confirmados al quedar suspendida la solicitud de la Merrell de comercializar el kevadon, que debía lanzarse al mercado estadounidense. El 30 de noviembre de aquel año, dos médicos de la Merrell se presentaron ante el directorio de alimentos y drogas de Ottawa, Canadá. Otros dos médicos volaron a Europa a recoger información, y se hizo una advertencia a los investigadores clínicos de la compañía farmacéutica, para que no administraran la droga de prueba a mujeres que estaban embarazadas.

“Nuestra primera información procedente de europa era incompleta -prosigue el relato de doctor Bunde-. entre los datos que se nos enviaron relativos a 20  casos, no había evidencia de que más de la mitad de las madres hubieran tomado talidomida en el comienzo del embarazo. en muchos casos, habían usado simultáneamente de dos a 12 drogas más. Otros factores complicaban el problema.

La compilación de datos significativos ha sido difícil -prosiguió el médico-, ha sido sumamente difícil. No hemos minimizado la posibilidad de que la talidomida pudiera estar relacionada con las deformidades congénitas de alguna manera no esclarecida todavía.”

La doctora Kelsey, si embargo, se encargó finalmente de poner los puntos sobre las íes: la talidomida no se vendió en los estados unidos en aquel entonces, al menos oficialmente.

De nuevo nos remitimos a la inolvidable revista LIfe, testigo presencial de tantas historias humanas. En latinoamérica la talidomida contó con muchos aliados que la permitieron hacer de las suyas entre nuestros pueblos.

“En américa latina, cundió la aprensión y la angustia al conocerse los mutilantes y trágicos efectos de la talidomida. Pero felizmente se conocen pocos casos hasta ahora, de deformaciones. Los principales países afectados han sido brasil y argentina. En éstos, como en los demás países en que se vendía la droga, las autoridades han prohibido su elaboración, venta y consumo. Hay dos casos confirmados en Buenos Aires, de niños deformados por la talidomida, pero no existen ni siquiera cálculos del número de mujeres embarazadas que han ingerido el tranquilizante. las empresas farmacéuticas, por iniciativa propia, suspendieron hace unos tres meses la elaboración de medicamentos basados en la talidomida, pero no retiraron los productos ya entregados a las farmacias. En los primeros días de agosto, un grupo de médicos, alarmados por las noticias que llegaban de europa, celebraron una reunión. Más tarde, el dr. Erico Von der Walde, de Buenos Aires, entregó un informe al ministerio de salud  pública en que denunciaba la venta ininterrumpida de la droga en las farmacias. El Ministro, dr. Tiburcio Padilla, anunció entonces que se dictarán las disposiciones necesarias para evitar que la droga llegue al público. En el Brasil también se ha vendido mucho lo que la prensa ha dado en llamar la “droga maldita”, con nombres tales como slip, sedin y sedalis. La primera víctima, julita campos, nació sin brazos en mayo, en sao paulo. En lugar de brazos tiene dos manos deformadas adheridas a los hombros. Una maestra de escuela de Porto Alegre dio a luz gemelos deformes, y las esposas de dos médicos del interior de río grande do sul, a quienes ellos mismos recetaron la droga, también tuvieron niños con extremidades defectuosas. Han ocurrido otros casos, especialmente en las grandes ciudades, pero los detalles no han sido facilitados al público. En Río de Janeiro, tres desconocidos golpearon a un farmacéutico y le advirtieron: “para que no siga vendiendo la muerte”. los productos con contenido de talidomida están elaborados por tres empresas de Sao Paulo, pero el 2 de abril (1962), el servicio médico nacional canceló el permiso de elaboración y ordenó la confiscación de la droga. No ha sido fácil confiscar las existencias. Una sola de las empresas fabricantes la había vendido a más de 6.000 farmacias. Al confirmarse los efectos desastrosos de la talidomida, las autoridades de sao paulo, que es donde más se vendió la infernal droga, iniciaron una campaña encaminada a eliminar todo vestigio de ella. Doce grupos de médicos están investigando las 1.800 farmacias de Sao Paulo, y otros catorce grupos viajan de pueblo en pueblo consultando con farmacias y médicos. La venta de la droga ha sido declarada delictuosa, y se ha prohibido a las farmacias vender tranquilizantes de ninguna clase sin prescripción médica.

En alemania, la talidomida fue retirada del mercado en noviembre de 1961; en inglaterra, en diciembre de ese mismo año y, en canadá en marzo de 1962. en la mayoría de los países latinoamericanos, las ventas fueron suspendidas oficialmente al hacerse públicos los terribles efectos de la droga. pero ya el daño estaba hecho. si bien en estados unidos el medicamento kevadon nunca fue aprobado por la fda, se sabe de madres estadounidenses que lo adquirían vía europa, canadá, méxico, o en el mercado negro, o les llegaba como muestras médicas de las “píldoras experimentales” distribuidas a los médicos por el fabricante norteamericano merrell.

Estados Unidos, el país más seguro del mundo, sufría en carne propia la misma tragedia que se había vivido en europa. y co ellos, otras decenas de miles de familias en todo el mundo tuvieron que afrontar una situación parecida. Pero la vida continuaba y la tragedia también. aunque en 1961, la oms prohibió por completo la fabricación y comercialización de la droga, la farmacéutica alemana chemie-grünenthal continuó elaborando la talidomida, pero para combatir otras enfermedades como la lepra, todo gracias a un curioso descubrimiento.

En 1965, jacob sheskin, un dermatólogo judío, reportó una sorprendente observación, cuando quiso utilizar la talidomida como sedante en cuatro pacientes que sufrían eritema nodoso lepromatoso (enl), una complicación inflamatoria aguda de lepra lepromatosa. entonces, para su sorpresa, vio como las lesiones mejoraban en pocas horas. con ello, la talidomida retomó el interés científico como una droga inmunomoduladora.

Sin duda alguna, la talidomida se salvó del ostracismo total precisamente gracias a este descubrimiento, con una aplicación posterior en otras condiciones inflamatorias parecidas al enl, como son el lupus eritematoso discorde y úlceras aftosas en pacientes con sida. así se supo que la talidomida ejercía un efecto efectivo en padecimientos dermatológicos; con desregulación inmunológica. debido a que ejerce su principal efecto antiinflamatorio sobre piel y mucosas.

El descubrimiento de sheskin no sólo cambió la historia de la talidomida sino que también la reivindicó, a pesar de su negro pasado, además de abrirle las puertas a mercados insospechados, a pesar de estar por aquellos años en la lista negra de la oms. según una publicación de una cadena de televisión británica, que denunció en 1993 que “chemie-grünenthal todavía obtiene beneficios con la talidomida”, en referencia al supuesto negociado realizado por la oms que, desde 1965 hasta la década de los noventa, habría estado adquiriendo grandes lotes de talidomida a la mencionada fábrica alemana, para distribuirla en las selvas amazónicas peruana y brasileña como fármaco contra la lepra, resaltando además que todavía siguen naciendo niños con focomelia por culpa de la actuación de este organismo mundial, tanto en sudamérica como en otras regiones pobres del planeta.

Para comenzar, el informe señala que tras el escándalo de la talidomida de 1961, “chemie-grünenthal ha adoptado un perfil bajo, hasta el punto de que sólo se conoce de ella una referencia postal de su oficina central en alemania. y continúa diciendo que esta empresa  sigue siendo un productor de la droga”. la misma publicación menciona asimismo la contradicción existente sobre este caso, precisamente cuando se decía que la fabricación y venta de la talidomida estaba vetada: “cuando la droga fue prohibida por la oms en 1961, la cadena de producción (de chemie-grünenthal) pareció volverse silenciosa. sin embargo, tras el descubrimiento fatal de sheskin en 1965, la oms envió una oferta a la farmacéutica alemana para reiniciar la producción de la talidomida…”

No hay acuerdo sobre la cantidad de víctimas que provocó la talidomida a nivel mundial. Mientras unas fuentes mencionan 10 mil  a 15 mil los bebés malformados por culpa de la droga, otras dicen que fueron 20 mil y más. lo cierto es que esta tragedia farmacológica  atacó tanto a países desarrollados como en desarrollo, pero nunca se conocerán cifras exactas de ello debido a que el medicamento fue consumido indiscriminadamente  en países donde no había control farmacológico, la publicidad de los fabricantes de la talidomida contribuyó a esta difusión masiva.

Si bien hay unas estadísticas “oficiales”, que sólo parecen reconocer a las víctimas indemnizadas por el fabricante de la talidomida (chemie-grünenthal), lo cierto es que muchas de éstas no toman en cuenta a los bebés malformados que nacieron en otras naciones europeas, y especialmente en los países más pobres, que por diversos motivos no pudieron reclamar una reparación monetaria por el daño causado.

“En alemania y gran bretaña se establecieron fondos, pagados por las compañías responsables y el estado -cuenta josé riquelme-“, a fin de reparar en lo posible el daño causado a las víctimas de la talidomida. treinta y ocho años después, algunas cuestiones legales están todavía sin resolver en diversos casos. hace pocos años, el sunday times, ganaba, por fin, en la corte de los derechos humanos, su largo contencioso contra la compañía distillers (el laboratorio fabricante del distaval) y contra la cámara de los comunes que prohibió la publicación en el reino unido de un reportaje sobre los niños de la talidomida en 1972.”

“Las sumas compensatorias pagadas a los niños en alemania -relata riquelme- se remontan a unos 25.000 marcos y entre 100 y 450 marcos al mes en concepto de renta vitalicia como minusválido. unas 925.000 pesetas en concepto de indemnización y 16.650 pesetas equivalentes al ingreso mensual aproximado. En inglaterra, se pagó a los padres de las víctimas 5.000 libras, más una parte proporcional de 6 millones de libras, para ser repartidos entre los 342 beneficiarios entonces acogidos a dichas compensaciones, es decir 17.544 libras más, dando un total de 22544 libras por concepto de indemnización, por otra parte recibieron  entre 500 y 820 libras por renta vitalicia mensual (todos estos valores y cifras, están basados en los cambios oficiales de divisas del día 25 de marzo de 1980).

Para entregar dichas indemnizaciones, el gobierno alemán creó la fundación “hilwerk für behinderte kinder”, (auxilio a niños impedidos), “para ayudar y asesorar a tosas estas personas, que habían sido victimas de los devastadores efectos del fármaco, en todos los países del mundo” -prosigue riquelme-. esta era la organización encargada de canalizar las peticiones de los afectados para que pudiesen acceder a todas estas rentas e indemnizaciones. se había fijado el 31 de diciembre de 1983 como la fecha límite para todo proceso legal de reclamaciones económicas. “para obtener la indemnización, las víctimas de la talidomida, o los familiares de éstos, tenían que aportar diversa documentación. también debían demostrar igualmente el nombre del médico que había prescrito el fármaco, con su número de colegiado correspondiente. e incluso el mismo médico, debía acreditar y certificar que había recetado el medicamento. había incluso que acreditar el lugar donde se compró la droga, aportar radiografías, fotografías, etc.” -explica josé riquelme-.

Desgraciadamente, no todas las víctimas de la talidomida tuvieron la misma suerte, a unos afectados “se les pasó” la fecha límite dada por el gobierno alemán para poder reclamar una compensación, incluso en países como españa o canadá, mientras que a otros, aún en la misma alemania, no pudieron demostrar que era “hijos de la talidomida” por falta de pruebas o porque los médicos que habían  recetado la droga a sus madres se negaron a colaborar “por temor a posibles represalias”.

Aquel medicamento promocionado como “un novedoso y eficaz remedio, contra las náuseas y molestias propias de los primeros meses del embarazo” iba a cambiar de golpe miles de vidas. “en el mundo se vendieron 310 millones de dosis en los cuatro años que estuvo en el mercado”- relata riquelme cuando recuerda aquella época que dejó secuelas tanto a él como a decenas de sus compatriotas y a miles en otros países-. “es de imaginarse que tal cantidad debe ser cierta, a juzgar por los índices de productividad de los fabricantes de la droga en sus diferentes variantes. de las miles de víctimas de este fármaco, sólo sobrevivieron unos 5 mil, repartidos entre alemania occidental – unos  dos mil quinientos-, gran bretaña 430, 200 en japón y los demás de diversos países tan lejanos unos de otros como brasil, perú, australia, francia, españa…” las cantidades son naturalmente aproximaciones.

http://www.ucm.es/info/vivataca/anteriores/n40/Num40/PDFs/n40-1.pdf

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